María Dacia González-Gordon, ha dedicado gran parte de su vida a cultivar un arte enraizado en la más pura tradición victoriana:
hacer cuadros con flores prensadas.
Ella considera que su arte es una forma diferente de ejercitar la pintura que consiste, no en pintar flores, sino en pintar con flores.

Cuando en 1.965 nació el último de sus ocho hijos con síndrome de Down, su vida cambió por completo. Su exhaustiva búsqueda, de médico en médico, buscando alguna fórmula que permitiera a Hernán desarrollar al máximo su potencial humano, la llevó a contactar con un equipo de doctores norteamericanos que le propusieron una terapia esperanzadora pero durísima que requería trabajar mano a mano con el niño, ocho horas al día, los siete días de la semana, durante muchos, largos, años.
Pasados los primeros meses, el optimismo inicial se dio de bruces con la dura realidad. Comprendió que el agotamiento físico y psíquico acabarían por volverla completamente loca si no buscaba una evasión que distrajera su espíritu. Providencialmente, leyó un artículo sobre la realización de composiciones con flores prensadas y comenzó a aplicar aquellas técnicas, ayudada por su afición a la pintura, que había practicado desde niña, y por un innato temperamento artístico.
Con los años y la experiencia, fue adaptando las diferentes modalidades e inventando las suyas propias hasta crear una técnica absolutamente personal y única, y sus composiciones más tardías, auténticos paisajes elaborados con flores secas, constituyen un buen ejemplo de las altas cotas técnicas y estéticas que ha logrado alcanzar.