|
Cuando
en 1.965 nació el último de sus ocho
hijos con síndrome de Down, su vida cambió
por completo. Su exhaustiva búsqueda, de
médico en médico, buscando alguna
fórmula que permitiera a Hernán desarrollar
al máximo su potencial humano, la llevó
a contactar con un equipo de doctores norteamericanos
que le propusieron una terapia esperanzadora pero
durísima que requería trabajar mano
a mano con el niño, ocho horas al día,
los siete días de la semana, durante muchos,
largos, años. Pasados los primeros meses,
el optimismo inicial se dio de bruces con
la dura realidad. Comprendió que el agotamiento
físico y psíquico acabarían
por volverla completamente loca si no buscaba una
evasión que distrajera su espíritu.
Providencialmente, leyó un artículo
sobre la realización de composiciones con
flores prensadas y comenzó a aplicar aquellas
técnicas, ayudada por su afición a
la pintura, que había practicado desde niña,
y por un innato temperamento artístico. Con
los años y la experiencia, fue adaptando
las diferentes modalidades e inventando las suyas
propias hasta crear una técnica absolutamente
personal y única, y sus composiciones más
tardías, auténticos paisajes elaborados
con flores secas, constituyen un buen ejemplo de
las altas cotas técnicas y estéticas
que ha logrado alcanzar.
|